ISAMAR GABRIELA
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Sierra de la Ventana: De un café entre amigos… una escapada de parejas

Hay aventuras que nacen en los momentos menos esperados, y a veces es necesario no pensarlo tanto, darse la oportunidad y atreverse a vivir nuevas experiencias de la mano de lo desconocido. No teníamos nada claro, solo que queríamos escaparnos por 4 noches.

Sierra de la Ventana, el verdadero: Puedo y me lo merezco

Así fue como terminamos eligiendo Sierra de la Ventana. Era una opción cercana y, además, nuestros amigos ya la conocían y no paraban de recomendárnosla. Nosotras todavía no habíamos ido, así que la idea nos entusiasmó desde el primer momento.

Era fin de semana largo y el día que salimos no ayudaba mucho: lluvia intensa, la ruta bastante complicada… un verdadero caos. Pero, curiosamente, eso no importaba tanto. Entre mates, música y charlas, el viaje se volvió parte de la experiencia.

Y como si fuera una recompensa, al llegar todo cambió. Nos recibió un sol increíble, montañas verdes e inmensas, y paisajes que sinceramente ninguna foto logra transmitir del todo.

Un alojamiento acogedor es vital para disfrutar de Sierra de la Ventana

Habíamos elegido alojarnos en un complejo con actividades y comida incluida… y fue, sin duda, la mejor decisión. La cabaña no era lujosa, pero sí súper cómoda, con una luz hermosa que hacía que todo se sintiera cálido y especial. Cada rincón tenía algo lindo, hasta ver las fachadas de las casas era fascinante. 

En nuestro primer día nos animamos a hacer senderismo en el Cerro Providencia. Fueron casi 4 horas entre subida y bajada, con esa mezcla de cansancio y emoción que te empuja a seguir. Íbamos como niños exploradores, con la ilusión intacta de llegar a la cima.

Y cuando finalmente llegamos… ahí estábamos. En lo más alto, con una vista inmensa y mágica, sintiéndonos, por un momento, dueños del mundo.

La experiencia nos dejó tan satisfechas (y también bastante agotadas) que el resto de los días bajamos un cambio. Nos dedicamos a disfrutar del complejo, el spa, y esos pequeños placeres que también son parte del viaje. Después de todo, esos músculos necesitaban recuperarse de semejante hazaña.

El amor por la aventura nos encuentra

Éramos cuatro personas, con personalidades muy distintas, pero con algo en común: las ganas de pasarla bien, de compartir y de conocernos un poco más. Y al final, de eso también se trató el viaje.

Lo que empezó como un plan a lo desconocido terminó siendo exactamente el descanso que necesitábamos.

Volver a casa no fue tan fácil… sobre todo sin ese desayuno buffet con waffles y huevos revueltos recién hechos esperándonos cada mañana. Pero supongo que esa es la señal de que el viaje valió la pena.

Ahora ya estamos soñando con la próxima aventura, y Jujuy es la que nos está guiñando el ojo.

Y vos… ¿te animarías a escaparte así, sin pensarlo tanto, con amigos?

Fotos: SuisaOficial

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